martes, septiembre 19, 2006

LA SEMANA DE LA VERGÜENZA DE LA IGLESIA CATÓLICA

“Mostradme qué ha traído Mahoma que fuera nuevo y allí sólo encontrarás cosas malignas e inhumanas, tales como su orden de extender mediante la espada la fe que él predica” (BENEDICTO XVI, 13 de septiembre)

“Poco a poco se habla de los hijos deseados y no deseados y no de los hijos que recibimos y acogemos con todo nuestro cariño. La terminología nace en el ámbito de la planificación familiar y encierra una determinada verdad, pero no puede primar como la categoría dominante en nuestras relaciones humanas” (CARDENAL ERRÁZURIZ, 18 de septiembre)


Para quiénes no me conocen, estudié en el Colegio San Ignacio desde 6º básico a 4º medio. Aprendí en las mismas salas de clases donde Alberto Hurtado se educó y forjó su espíritu crítico y su vocación de servidor público. Fui a trabajos voluntarios, a campamentos de formación, a trabajos de fábrica, participé de las comunidades de vida cristiana (CVX). En definitiva, quiero decirles que, a través de los jesuitas, estuve muy cerca de la iglesia católica y, en consecuencia, lo que voy a decir a continuación lo hago como una persona que, a pesar de esa cercanía que alguna vez tuvo, día a día se desilusiona del actuar de quiénes, en teoría, deberían ser las reservas morales y éticas de nuestra sociedad.

A mi juicio, las dos frases que encabezan este artículo son el reflejo de lo que la iglesia católica nos ofrece hoy. Por un lado, un Papa que durante años se preparó para llegar al sitial que hoy encabeza. Una persona extremadamente conversadora y cuyos niveles de tolerancia a la diversidad son bajísimos. Por otro lado, una iglesia católica chilena que rara vez se preocupa de las escandalosas desigualdades que existen en nuestro país y que dedica parte importante de su tiempo a dictar cátedra sobre el comportamiento sexual de sus feligreses. Vamos por parte.

RATZINGER Y SU INTOLERANCIA: Los niveles de globalización y tecnologización que ha alcanzado nuestra sociedad han permitido que existan herramientas y voluntades para que no sólo las noticias lleguen en instantes a otros lugares del mundo, sino que también, la cultura y costumbres sean parte de este fluido intercambio de conocimientos y experiencias.

Ratzinger se equivoca si cree que los conceptos expresados en una universidad alemana respecto del Islam pueden pasar inadvertidos para el resto del mundo. Sus frases no sólo demuestran una ignorancia suprema respecto de otras religiones no cristianas, sino que dejan en evidencia su conservadurismo e intolerancia. Para quienes viven en países de cultura occidental, esto puede pasar casi inadvertido, pero para aquellos católicos que viven en lugares donde se convive a diario con personas de otras religiones, estas declaraciones pueden hacer una gran diferencia en su calidad de vida.

Pero la gran interrogante que me surge y que quiero dejar planteada en este artículo es por qué Ratzinger hace esas declaraciones. Aventuro una explicación: luego del 11 de septiembre del 2001, se desató una guerra no declarada entre los valores de la sociedad occidental y los principios de culturas milenarias como el islamismo. A mi juicio, en esta guerra de valores, uno de los actores (aunque no protagónicos) es la iglesia católica, puesto que en la medida que los principios de la sociedad occidental triunfen, el camino de evangelización es menos difícil para ella. En ese sentido, el hecho que la posición de George W. Bush en su lucha contra el terrorismo se vea cada día más debilitada, significa, a su vez, que Ratzinger ve mermadas sus posibilidades de avanzar en el camino de la reconquista del sitial de la iglesia católica. A mi juicio, las palabras de Ratzinger deben ser entendidas como un salvavidas a la política internacional de Bush, quién deberá seguir siendo el guardián del mundo occidental. ¿El asesinato de una monja en medio oriente será usado como excusa por el presidente de USA para seguir justificando sus intervenciones militares?

EL CARDENAL ERRÁZURIZ Y SU OBSESIÓN CON EL SEXO: tengo la absoluta certeza que muchos sacerdotes trabajan directamente con la gente en las poblaciones. No tengo ninguna duda que ellos conocen exactamente lo que significa embarazos no deseados. Tampoco tengo duda que muchos de ellos, dado su conocimiento de la realidad, serían los principales promotores del uso del preservativo entre sus feligreses más jóvenes. Pero no. La cúpula de la iglesia se aleja cada vez más de la realidad que se vive en las calles. Sus prédicas siguen hablándoles a sus fieles cómo si TODOS ellos llegaran castos al matrimonio, cómo si el sexo se usara sólo para procrear, como si los estímulos de nuestra sociedad no estuvieran mediatizados por el erotismo.

El cardenal Errázuriz sigue preocupado de cosas divinas, cuando los problemas de sus humanos feligreses son bastante más cotidianos: el abuso patronal, las escasas posibilidades de educación, la represión a quiénes se sindicalizan, la mala calidad de la salud, la inseguridad en los barrios, el transporte que no pasa, la corrupción en la municipalidad. Todos los cuales se ven agravados si de la persona de la cual estamos hablando vive en alguna población de bajos ingresos de nuestro país.

De verdad me gustaría a la iglesia chilena ocupada de lo que ella mismo calificó como “escandalosas desigualdades existentes en nuestro país”, más que de los métodos de planificación familiar que un gobierno laico y democrático entrega responsablemente a sus habitantes, como un set de alternativas a escoger.

Quiero ver una iglesia que tomando como ejemplo al Padre Hurtado pueda acercarse cada vez más a quiénes los necesitan. El gran Alberto Hurtado creó el Hogar de Cristo, la Revista Mensaje, se preocupó de los trabajadores, de los postergados y fue fuertemente incomprendido por su accionar que justamente apuntaba en esta dirección.
Mi deseo es que la iglesia católics tenga cada día, más Albertos Hurtados y menos Ratzinger y Errázuriz.

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